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¿Estará bien sujeta? ¿Se me caerá de la mochila? ¿Y si tropiezo y me caigo cuando porteo a mi bebé? Estas y otras preguntas suelen ser habituales cuando estás pensando iniciarte en el porteo.

Fuente: Mundo al Revés – Por Iria Álvarez

Quizás uno de los temores más habituales que escucho entre los adultos primerizos en porteo es “Tengo miedo de que se me caiga el bebé”.

Afortunadamente, no es en absoluto habitual que esto ocurra. Desde luego no es más frecuente que el que un carrito vuelque o caiga por unas escaleras con el bebé dentro. Pero, evidentemente, hay que seguir siempre unas normas de seguridad para prevenir los accidentes en cualquier situación.

Los posibles accidentes que pueden tener lugar mientras porteamos son:

– Como hemos dicho ya, que el bebé se nos caiga del portabebés, mientras lo estamos poniendo o una vez puesto. O simplemente que separe mucho el tronco de nuestro cuerpo y pueda golpearse con algo.
– Que nosotros tropecemos o nos caigamos.
– Que no dejemos respirar adecuadamente a nuestro bebé.

Impedir que ocurran estas cosas suele venir de la mano de una buena postura del bebé y de un correcto ajuste del portabebés. Estos dos aspectos son, en general, la madre del cordero de un buen porteo, pero en el siguiente cartel especificamos un poco más todas esas normas de seguridad que debemos cumplir:

Porteo y prevención de accidentes

En otros lugares verás que se habla de “Porteo seguro” y no de “Prevención accidentes”, como hago yo.

Para mí el Porteo Seguro es mucho más que impedir que ocurra un accidente, porque como dice mi compañera asesora de porteo Maruxa Cabaleiro: “El porteo debe ser seguro en el ahora y en el después”. Es decir, no consiste simplemente en no hacer daño al bebé en el presente, sino que debe cuidar también su salud futura. Ahí es donde entran en juego otros factores, como la apertura de las piernas del bebe, la altura de las rodillas, la basculación de la pelvis, etc.

Así que, en otro momento, hablaremos de cómo llevar a la práctica un porteo seguro: sin accidentes y respetuoso con la fisiología del bebé… ¡y del adulto!